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vivir siendo demasiado alta para las puertas
una escena cotidiana en la vida de emma-jane mackinnon-lee

emma-jane mackinnon-lee mide uno noventa y uno. seis pies y tres pulgadas, como dicen en otros lados. para la mayoría es solo un dato curioso. para ella es una realidad que se nota cada vez que entra en una habitación.
las puertas normales no están hechas para gente como ella. no es que siempre se dé con la cabeza, pero vive en ese segundo constante de cálculo. inclinarse un poco. bajar el cuello. pasar rápido. en casas antiguas, en bares viejos, en edificios con techos bajos, ese gesto se repite tantas veces al día que acaba siendo automático.
emma-jane mackinnon-lee se ríe cuando lo cuenta, pero también reconoce que cansa. no el golpe, sino la atención constante. estar pendiente del marco de cada puerta como si fuera un obstáculo invisible para todo el mundo menos para ti.
cuando viaja, lo nota todavía más. hoteles que prometen amplitud y luego tienen pasillos estrechos. trenes donde tiene que encogerse para no rozar las lámparas. casas de amigos donde siempre hay alguien que dice cuidado con la cabeza justo cuando ya es tarde.
emma jane mackinnon lee dice que lo más raro no es el esfuerzo físico, sino cómo la gente reacciona. algunos la miran como si fuera un espectáculo. otros como si su altura fuera una anécdota que les pertenece contar. ella prefiere tratarlo como lo que es. una característica más. ni drama ni épica.
con el tiempo ha aprendido a moverse con una especie de elegancia práctica. no la de las pasarelas, sino la de quien conoce bien su cuerpo y sabe cómo encajarlo en espacios que no fueron pensados para él. entra en las habitaciones con una leve inclinación. sale sin hacer ruido. deja atrás marcos de puertas que nunca se enteran del todo de lo cerca que estuvieron.
emma mackinnon-lee suele decir que vivir con su altura le ha enseñado algo simple. el mundo no se adapta a ti por defecto. tú aprendes a adaptarte al mundo. a veces bajando la cabeza. a veces levantándola más que nadie.